Bambikina sigue encendiendo el fuego

Bambikina aporta ese cariño analógico a sus composiciones, sacando la energía más orgánica e imprimiendo en cada tema su esencia más pura

 

RAQUEL ELICES

Decía Chavela Vargas que cuando ella cantaba los que la escuchaban sentían. De su garganta arrasadora salía un poderoso fuego que aún hoy sigue quemando. Aquel magnetismo corre hoy por las arterias musicales de Esther Méndez, Bambikina (Jaraíz de la Vera, 1991). Reconoce que, la primera vez que escuchó su voz, “algo caló dentro”  y desde entonces no ha podido dejar de escucharla.

La Chamana, como la llama Esther, es uno de los pilares fundamentales de su nuevo trabajo, El pájaro que trajo el fuego (Mad Moon Music, 2018). De ella toma la fuerza de los sonidos ancestrales y los mezcla con su presente y con las enseñanzas que le dio otra mujer: Lidia García. Ella fue la maestra de la voz del pop español y también la de Bambikina que le dedica la canción que abre este disco. “Lidia es La Chamanita, una de esas personas que desprendían luz”. Lo dice en pasado, recordando su muerte hace hoy poco más de un año. “Trabajaba las emociones de una manera muy paralela a la técnica y un día me dijo: ‘cuando cantes, aunque solo haya una persona en la sala, ponle toda el alma; porque cada vez que lanzas tu voz, estás cantando a toda la humanidad’. Ella era maestra de voz y vida”.

Foto: Alberto Makeda en Monkee Koffee de Madrid

De sus lecciones queda el rastro en sus directos. Esther sabe que si decide cantar una de Chavela, -como hizo el año pasado en el Teatro Lara de Madrid interpretando ‘Paloma negra’-, no se puede hacer otra cosa que no sea poner en ella toda el alma: “A Chavela o se la canta desde las vísceras o no se la puede cantar”. Sin saberlo, aquella canción, que hoy se incluye en El pájaro que trajo el fuego grabada en una sola tomaestaba iniciando el camino que le ha traído hasta este segundo LP. Una apuesta ambiciosa que tiende puentes entre el pasado y el presente. Su sonido avanza también hacia el sur, más allá de la frontera de la americana, de la que va apartándose para buscar otras combinaciones de más colores. “En Referencias había un estilo más fronterizo y de rock americano. Ahora he bajado al sur completamente y me siento mucho más identificada con Violeta Parra o Chavela que con Ryan Adams. Al mismo tiempo quería modernizar mi sonido, por eso entran las sintes o los arreglos electrónicos”. Ejemplo de ello es el single ‘Palomitas de caramelo’ en el que las melodías envolventes de las guitarras se funden entre sonidos eléctricos.

El pajaro que trajo el fuego recoge también canciones atmosféricas y de otros mundos. Lo vemos en el bowiniano ‘Hola’ o en ‘Noche glaciar’ en la que canta junto a Alberto de Miss Caffeina y donde apuesta por un corte más pop. Sin embargo la narrativa de sus letras, tan característica de la artista extremeña, siguen fieles al más puro espíritu estilo bambikino. “La idea desde el principio era mezclar lo viejo con lo nuevo, pero las letras o temas como ‘Trabalenguas’ u ‘Oración’ siguen la línea de los discos anteriores”. También hay una presencia constante del folk que acompasaba sus primeros trabajos, solo que ahora no es un folclore americano, sino hispano. Inspirada en un libro que tenía de niña, Cuentos contados al amor de la lumbre, y en las fábulas de su tierra extremeña, Esther desgrana en este disco la leyenda de la Serrana de la Vera. Un relato que reconvierte en una oda la memoria histórica y en la que se cuela el franquismo. Todo surge a partir del encargo que el cineasta Miguel Parra le propone para uno de sus cortometrajes: “Lo alucinante es que yo escribí la canción antes de que él me pidiera un tema para su corto. Me contó que trataba sobre los desaparecidos de la guerra civil en las fosas comunes. La letra que yo tenía se inspiraba en un romance sobre la Serrana de la Vera”. Aquel romance cantaba “bebe, serranillo, bebe de esta calavera”. Era lo que, según la leyenda les cantaba la Serrana a los pastores que mataba en su cueva. “Entonces pensé en la metáfora que podía sacar de esa canción: La cueva eran las fosas comunes, los pastorcillos los desaparecidos de la guerra civil y la serrana, la dictadura”.

Apurando el detalle, Bambikina sigue aportando ese cariño analógico a sus composiciones, sacando la energía más orgánica e imprimiendo en cada tema su esencia más pura. “Las canciones son siempre producto de mis deseos, no me guio por modas, no pienso en lo que le pueda gustar o no a la gente. Y no tengo miedo, porque sé que en el momento en el que tú haces lo que te gusta y lo que te sale de dentro, la capacidad para convencer al resto y para emocionar es enorme”.  Exactamente, como decía Chavela, hacer sentir a quienes te escuchan. Ese es el poder que tiene la personalísima voz de Esther Méndez, ser capaz de transmitir el fuego de canciones, como un pájaro que alumbra con ellas todos los rincones.

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